lunes, 30 de mayo de 2011

¿En qué sentido la hipocresía puede ser positiva y valiosa?

Les dejo una columna que salió en Caras y Caretas, del escritor uruguayo Horacio Bernardo


Si bien la hipocresía es considerada reprobable, y parece difícil, a priori, sostener cualquier modalidad positiva y valiosa de la misma, se hace necesario estudiarla filosóficamente y más a fondo ya que, detrás del rechazo total a la hipocresía, se oculta un poderoso argumento que lleva a que los individuos no puedan cuestionar con autoridad moral la realidad que viven diariamente.


Se entiende por hipocresía el “fingimiento de sentimientos contrarios a los que verdaderamente se sienten o experimentan” (DRAE, XXI Ed.). La definición, supone implícitamente la libertad del hipócrita, en el entendido de que es decisión suya tanto fingir como no hacerlo. Así, en las relaciones cotidianas, el hipócrita opta lo que critica y opina, adoptando como estrategia libre y conciente, la contradicción entre los sentimientos y motivaciones que muestra y oculta. Esa libertad suya es lo que hace que su conducta pueda ser rechazada. Sin embargo, existen determinados temas vinculados a las relaciones sociales y productivas fundamentales, en los que dicha libertad queda minimizada o anulada, ya que resulta casi imposible criticar sin caer en hipocresía. Los ejemplos abundan, y resultan familiares al ciudadano común (al que me he referido, en una columna anterior y en tono reivindicativo, como hombre gris). Así, cuando el ciudadano critica lo despiadado del sistema de relaciones económicas, es hipócrita sin proponérselo, pues necesita y disfruta del mismo sistema que critica. Cuando critica los mecanismos que lleva a la pobreza y se conmueve con ella, no puede evitar sentir la necesidad de que la pobreza esté lo más lejos de su vivencia. Cuando critica los contenidos televisivos se encuentra entreteniéndose con los mismos contenidos criticados. Cuando critica el consumismo, no puede (ni quiere) evitar el goce que determinados productos le proporcionan.


Ahora bien, en dicha hipocresía, el ciudadano es escasamente libre de elegir ser hipócrita, pues si no gozara de los beneficios de la sociedad que critica, mal tendría propiedad y voluntad de criticarlos. Pero si, a pesar de esa escasa libertad, se considera reprobable toda opinión que proviene de una actitud hipócrita, las críticas del ciudadano (atrapado en la hipocresía inevitable) pierden valor moral. Así, y una vez eliminado el valor de la crítica, se termina manteniendo una única cosa: el statu quo, el orden y pautas sociales establecidas. Veamos cómo opera este mecanismo.

NINGUNA HIPOCRESÍA: EL MODELO CRISTIANO

El origen de la noción de hipocresía como conducta reprobable proviene de los fundamentos de la cultura occidental, los cuales, a través de la tradición histórica, continúan influyendo en nuestra mentalidad presente.


Si bien la noción de hipocresía viene del griego antiguo (y se asocia con la noción de actuación, o de crítica subyacente), puede rastrearse el fundamento del cuestionamiento moral del hipócrita en el pensamiento cristiano. En la Biblia , escribas y fariseos son acusados reiteradamente de hipócritas, por ejemplo. Pero para visualizar cómo influye la herencia del cristianismo en nuestro pensamiento presente, a través del rechazo a toda hipocresía, detengámonos en un conocidísimo relato bíblico (San Juan: 8 1-11), en el que Jesús es incitado públicamente a juzgar a una mujer adúltera, a quien, de acuerdo a la ley de Moisés le correspondía ser apedreada. Ante tal pregunta, y luego de escribir sobre la tierra, Jesús pronuncia: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (San Juan 8 7). Tras dicha frase, todos los presentes se van retirando hasta que, cuando únicamente permanecen la mujer adúltera y Jesús, éste agrega: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no vuelvas a pecar”. Una primera lectura del relato, nos informa sobre dos elementos: la misericordia de Jesús y el fuerte cuestionamiento al juicio del prójimo.


Sin embargo, una segunda lectura aporta la dimensión estratégica de la situación. Tal como señala el relato, cuando Jesús es consultado sobre si la mujer adúltera debe ser apedreada, en realidad se le está tendiendo una trampa. En ese sentido, si Jesús dictamina no apedrearla, podrá ser acusado de no seguir la Ley de Moisés. Pero si dictamina apedrearla, podrá ser acusado públicamente de poco misericordioso. Desde el punto de vista estrictamente de la situación planteada, la solución de Jesús configura una hábil estrategia para escapar a la trampa tendida: generar sentimiento de hipocresía en los jueces y personas presentes para provocar su inacción. La estrategia puede resumirse en tres pasos:

1. Encontrar un elemento que deban tener en común los que juzgan con la cosa juzgada

2. Apelar a ese punto en común para generar el sentimiento de hipocresía inevitable en los que juzgan (culpa-culpabilización)

3. Anular en los que juzgan todo juicio o crítica posible

En el relato bíblico, la mujer adúltera comparte con quienes la juzgan el no poder, necesariamente, escapar al pecado. Al pedir quequien esté sin pecado, arroje la primera piedra, Jesús genera en los presentes el sentimiento de hipocresía inevitable. Ese sentimiento anula todo juicio posible, a través de la generación de culpa-culpabilización en los propios presentes. Los presentes se marchan y la mujer queda absuelta por omisión. Ahora bien, el texto bíblico conmueve porque lo que es juzgado (la mujer adúltera) está claramente en desventaja en relación a los que la juzgan. Pero, ¿qué sucede si se tratase de juzgar grupos, sistemas, leyes, y se aplicase la misma estrategia para provocar inacción?


Si observamos cómo esta misma estrategia sigue operando en el presente, se advierte que si un ciudadano común desea juzgar o criticar el sistema económico, o el consumismo, o la banalidad televisiva, una hipocresía inevitable se impondrá como obstáculo, ya que se anulará su crítica haciéndosele saber que él participa del sistema económico, del consumo o de la banalidad, que critica. Así, solo un ciudadano ascético o puro, o que esté libre de todo goce social estaría habilitado para criticar con propiedad moral la sociedad en la que vive (requisito imposible o absurdo). Esto significa que, al condenar toda hipocresía, se está enmudeciendo la posibilidad crítica del ciudadano, que no puede evitar escapar al sistema en el que está inmerso. De este modo, si se reprueba toda hipocresía, lo único que queda a salvo es el orden existente, el statu quo.

CUALQUIER HIPOCRESÍA: EL MODELO DEL “TODO VALE”

Si rechazar cualquier hipocresía inhabilita moralmente la actividad crítica, la opción contraria, es igualmente perniciosa, conduciendo también al mantenimiento del statu quo. El argumento es sencillo: si toda hipocresía es válida, entonces no hay posibilidad de reprobar el comportamiento inmoral de un individuo, y de este modo se aniquila la posibilidad de toda crítica, pues lo que se perderá es elcriterio para juzgar. Si no hay criterio para juzgar al hipócrita, es porque no hay parámetro ni criterio en general, y toda opción crítica dará igual (todo vale), generando una actitud apática ante la efectividad de la crítica. El ciudadano desiste del cuestionamiento al considerarlo inútil, sin fundamento, sin utilidad o sin sentido. Así, el statu quo vuelve a quedar inmune de cualquier crítica de los ciudadanos que participan de él.

LA HIPOCRESÍA INEVITABLE COMO INSUMO CRÍTICO

Hemos visto dos extremos. Reprobar toda hipocresía, impide la acción crítica. Por contrario, aceptar toda hipocresía, impide cualquier criterio crítico o de juicio. Ambas alternativas propician el mantenimiento del statu quo, impidiendo el cambio. Ahora bien, pensar una solución a los opuestos, buscando grados intermedios, puede llevar a discusiones eternas sobre hasta qué punto debe ser aceptada, y qué tanto es inevitable. La superación del problema consiste, por tanto, no tanto en pensar el grado de hipocresía aceptable, sino en evitar las dos actitudes vivenciales que se desprenden de ambos opuestos: la dupla culpa-culpabilización y la apatía. Esto se logra tomando la hipocresía como insumo crítico. Esto significa partir de las propias contradicciones internas al individuo para pensarlas naturalmente y visualizarlas como contradicciones sociales que se hacen carne en la cotidianidad y las actitudes individuales. Así, a través de esta reflexión interna que no cae en lo culpógeno ni lo apático, el individuo encuentra un insumo positivo y valioso para comprender las experiencias contradictorias cotidianas, y hallar un fundamento crítico y vivencial de la sociedad en su conjunto.


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